lunes, 24 de enero de 2011

Lazarillo de Tormes


Lázaro era un niño al que le pusieron el sobrenombre de “de Tormes”, por nacer en el río Tormes.

Su padre murió desterrado cuando él era pequeño y se trasladó con su madre a Salamanca.

Después de un conflicto con el comendador, empezaron a servir en un mesón, donde un ciego tomó a Lázaro como aprendiz.

Con este ciego aprendió a ser inteligente y astuto, pues el ciego lo maltrataba de muchas formas, como por ejemplo dejándolo sin comida o rompiéndole una jarra de vino en la cara.

Cuando abandonó al ciego, lo tomó como siervo un clérigo avaro, que nunca le daba de comer y que tenía un arca llena de panecillos.

Lázaro consiguió una llave y le robaba los panes, pero pasado un tiempo el clérigo se dio cuenta y echó a Lázaro de su servicio.

Poco después Lázaro llegó a Toledo y se quedó con un escudero que se preocupaba más de lo que pensasen los demás que de comer y que salió huyendo de la ciudad por que le querían prender al no tener dinero.

Entonces Lázaro se asentó con un fraile de la Merced con el que no le sucedió gran cosa, y al que dejó a los pocos días,

Se fue con un buldero, que era muy inteligente y que, junto con un alguacil, engañaba a la gente para que le comprasen las bulas, haciéndoles creer que obraba milagros.

Lázaro estuvo con él cuatro meses, después de los cuales se fue con un capellán, con el que hizo fortuna durante cuatro años, hasta que reunió suficiente dinero para vestir bien.

Después se fue con un alguacil, pero cuando les molieron a palos lo dejó y se convirtió en pregonero.

Se casó con una criada del arcipreste de San Salvador que iba todos los días a hacerle la cama, con lo que al poco tiempo comenzaron a aflorar las malas lenguas, pero Lázaro y el arcipreste se encargaron de acallarlas.

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