lunes, 9 de abril de 2012

El burlador de Sevilla

Mónica González Menéndez nº15 3ºB
Don Juan Tenorio va a Nápoles y conquista a la duquesa Isabela haciéndose pasar por su novio, el duque Octavio. Después de que Isabela se diese cuenta de que no era Octavio, manda a  Don Pedro Tenorio que atrape al hombre que se ha hecho pasar por su novio. Al entrar Don Pedro en la habitación y descubrir que el burlador es su sobrino, decide escucharle y ayudarle a escapar, diciendo más tarde que no lo alcanzó porque salto desde la habitación al jardín.
Luego para huir Don Juan viaja a España y naufraga en la costa de Tarragona. Allí seduce a una chica llamada Tisbea y le roba sus dos yeguas.
Cuando Don Juan y su criado regresan a Sevilla, el escándalo de Nápoles llega a oídos del rey Alfonso XI, que, para solucionarlo, lo compromete con Isabela.
Mientras, Don Juan se encuentra con el Marqués de la Mota que le habla de su amada, que dice que es la más bella de Sevilla, y este no se resiste a conocerla, afortunadamente para él, recibe la carta destinada al Marqués, al que luego informará de la cita pero con un retraso de una hora para así él estar con  Ana. Por la noticia de la carta de Ana de Ulloa, Mota engaña a Don Juan, para lo cual éste ha de llevar la capa del Marqués, que se la presta sin saber que en vez de hacer el engaño Don Juan irá a visitar a Ana.
Don Juan consigue engañar a la dama, pero es descubierto por el padre de esta, Don Gonzalo de Ulloa, con quien se enfrenta en un combate en el que Don Gonzalo muere. Entonces Don Juan huye en dirección a Lebrija.
Ya lejos de Sevilla se  interpone  en el matrimonio de dos plebeyos llamados Aminta y Batricio, a los que engaña en la noche de bodas donde Don Juan aparenta estar interesado en casarse con Aminta, quien lo cree y se deja poseer.
Don Juan vuelve a Sevilla, donde se encuentra con la tumba de Don Gonzalo y se burla del difunto, invitándole a cenar. Sin embargo, la estatua de éste llega a la cita  cuando realmente nadie lo esperaba. Luego, el mismo Don Gonzalo invita a Don Juan y a su lacayo Catalinón a cenar a su capilla, y Don Juan acepta la invitación acudiendo al día siguiente. Allí, la estatua de Don Gonzalo de Ulloa se venga arrastrándolo a los infiernos sin darle tiempo para el perdón de los pecados.
Tras esto se recupera la honra de todas aquellas mujeres que habían sido deshonradas y todas ellas pueden casarse con sus pretendientes.

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