miércoles, 30 de octubre de 2013

El Cid


El Cid

En la 2ª mitad del siglo XI, existió un Vivareño conocido como Rodrigo Díaz. Contrajo matrimonio con Jimena de Asturias, con la cual tuvo 2 hijas: Sol y Elvira, además de ser vasallo del rey Alfonso VI el Bravo, rey de Castilla y León.
En un banquete ofrecido por el rey, a toda la corte real, se desató una breve discusión entre el conde García Ordónez y Rodrigo. Digamos que una falta de respeto por parte del conde, llevo a don Rodrigo a responder a sus insultos. Mesó la barba del conde y la introdució en una copa de vino. Por ese motivo, el rey Alfonso obligó a Rodrigo a salir de territorio castellano en 9 noches, es decir, unos de los mejores vasallos del rey había sido desterrado por el propio Alfonso. Minutos después, Rodrigo abandonó el castillo dirección a su hogar en Vivar para preparar todo lo necesario en el viaje del destierro. Se despidió difícilmente de su esposa Jimena y de sus 2 hijas, Elvira y Sol. Cuando todo estaba listo, les dijo que volvería a buscarlas. Ya en el viaje, al pasar por Burgos, Rodrigo se impresionó al ver que no había nadie ni por la calle, ni asomado a las ventanas. Burgos parecía que estaba vacío, pero en realidad la causa era el mensaje que había transmitido el rey sobre quien ayudara al Campeador. Antes de abandonar Burgos, como sabio que era, hizo un falso trueque a los hermanos Vidas y Rachel, prestamistas burgaleses. Hecho esto, partió.
A la mañana siguiente, Castejón se preparaba para ser el lugar de la primera conquista de los hombres de los hombres de don Rodrigo. Tras una fulminante conquista, comenzaron las negociaciones entre musulmanes y cristianos, todo para que el Vivareño poseyera un numeroso ejército y obtuviera mas dinero con diferentes trueques.
Tras Castejón llegó Alcocer, donde don Rodrigo y sus fieles hombres tuvieron su primera gran batalla contra un relativamente poderoso ejército de 3000 hombres dirigidos por Fáriz y Galve y enviados por Tamín de Valencia. Tras la victoria en esa batalla, don Rodrigo Díaz, recibió por parte de los musulmanes la denominación de 'Sidi', que traducida al lenguaje castellano significa 'El Cid'.
El Campeador envío junto a su fiel mano derecha, Álvar Fañez, 30 caballos moros a don Alfonso, para que supiera lo que el Cid estaba realizando fuera de sus territorios, y le mandó decir a su mujer y sus 2 hijas, que estaba bien y que pensaba mucho en ellas, que tenía ganas de verlas.
Tras otras victorias, el Cid volvió a mandar a el mismo caballero, otra cantidad de caballos conquistados en la toma, además de Castejón y Alcocer, de Ateca, Calatayud, Montalbán y Daroca, además de protector de Huesca, Zaragoza y Teruel.
Después de sus victorias, el Cid tuvo un problema con Ramón Berenguer, conde de Barcelona, que pensó que iba a atacar sus tierras, y se lanzó en su encuentro. El Campeador no queria luchar, pero tal fue la insistencia del conde catalán, que luchó y salió victorioso. Esa misma noche, le dió un banquete al conde para hacer las paces y decirle que si necesitaba ayuda ahí la tendría.
Por fin, don Rodrigo comenzó el asedio a la taifa Valencia, poderosa plaza con numerosas riquezas, además de ser la más segura para los moros. Tras 9 meses, con el cauce del río Turia desviado, y sin ya comida para abastecerse, surgieron de la capital de la Taifa Valenciana, cantidad de banderas blancas en señal de rendición. Una nueva conquista para el Cid Campeador.
Cuando se enteraron de esto, por un lado, el rey de Marruecos, que al estar sumerso en su guerra contra los Almohades, le sentó muy mal, y decidió preparar el ataque al ejército de don Rodrigo; y por otro lado, en la corte del rey de Castilla, hubo alegrías y deshonras en favor del Cid, pero la persona importante, como era don Alfonso, se sintió alegre por su vasallo.
Nuevamente, envió a Álvar Fañez a contarle todo a su rey y a su familia. El rey le perdonó, los infantes Diego y Fernando de Carrión le pidieron casarse con sus hijas, y le transmitió a la familia de Rodrigo que prepararan sus cosas que se las llevaría a Valencia, preciosa ciudad según el caballero.
Nada más llegar su familia, sin poder disfrutar de ella, el Campeador tuvo que preparar a sus hombres porque en el horizonte se divisaba el ejército del rey de Marruecos, el ejército del rey Yúsuf.
El obispo Jerónimo, con el Cid a sus espaldas, rezó a la mañana siguiente una oración por el combate que se avecinaba, que por mucho mas número que fueran, el ejército de don Rodrigo arrasó el campo de batalla.
A la mañana siguiente, el rey Alfonso tuvo visita, eran Álvar Fañez y Pedro Bermúdez. El rey emocionado de lo que le contaron 2 fieles hombres de don Rodrigo, estaba impresionado con sus hazañas dignas de un caballero descomunal. Concretaron una reunión a orillas del Tajo, don Rodrigo y el rey Alfonso para hablar los temas de las conquista del Cid y del casamiento entre las 2 hijas del Cid y los 2 infantes de Carrión.
Después de ese encuentro el Cid viajó a Valencia para comunicarles a sus hijas que serían las esposas de Diego y Fernando. En poco tiempo, la ceremonia se ofició y se contrajo matrimonio.
En un banquete posterior, un león que había capturado don Rodrigo se escapó de la jaula y llegó a la sala del banquete. Los infantes huyeron como cobardes al ver a la fiera. Sin embargo, el Campeador, se despertó de su siesta e hizo volver al león a su jaula sin ningún herido. En esos momentos, el Cid le comunicó a Álvar Fañez y a Pedro Bermúdez que el general marroquí Búcar llegaría mañana a las playas de Valencia con una flota que triplicaba la del rey Yusuf. Al escuchar esto, Álvar Fañez le pidió a don Rodrigo si podía contar con la ayuda de los infantes, y el le respondió que sí.
Llegó la mañana siguiente, y el Cid preparó a sus hombres y salieron en busca del ejército moro. 
Una vez más, el Campeador mostró su habilidad en la batalla y derrotaron al ejército árabe. Según le contó Álvar Fañez, lo infantes habían echo una espectacular batalla, y eran los dignos héroes. En realidad solo huyeron como cobardes, pero Álvar Fañez para no entristecer al Cid le dijo eso.
Los Carrión le comunicaron a don Rodrigo que querían volver a Castilla con sus esposas, y el no les puso reprocho alguno. Les regaló sus espadas, Tizona y Colada. El Cid preparó la comitiva y les acompaño una parte de viaje, luego se despidió de sus hijas y dió la vuelta. Cuando entraron en el bosque de Corpes, hicieron allí noche. A la mañana siguiente les dijeron a a Félez Muñoz que se adelantaran, y que les dejaran solas con sus esposas. Cuando todo el grupo se fue, ellos comenzaron a maltratar a sus mujeres quitándoles la ropa y dandoles serios golpes con sus cintos. Cuando creían que estaban muertas y no inconscientes, volvieron con el resto del grupo. Félez Muños sospechaba algo, y le dijo a Jerónimo que le esperase. En efecto, al cabo de media hora, pasaron los 2 infantes sin sus esposas, por lo que Félez Muñoz y Jerónimo fueron en su busca. Intentaron reanimarlas durante bastante tiempo hasta que consiguieron despertarlas. Rápidamente, llegaron a Valencia y don Rodrigo se enteró de todo. Los infantes llegaron a Castilla y se quedaron con todas sus riquezas, pero el Cid quería venganza.
Viajó hasta Toledo para verse con en el rey Alfonso, con un gran notable número de vasallos suyos. En esa corte, don Rodrigo reclamó todo lo que les había regalado a los infantes, ellos se lo devolvieron protestando, pero el conde García Ordóñez tardaba en hablar e insultó a las hijas del Cid. Esto supuso una batalla 'Carrión-Cid'. En el bando Carrión estaban los infantes y el conde García Ordóñez. En el bando del Cid, Martín Antolínez, Pedro Bermúdez y Muño Gustioz. La batalla la ganó el bando del Cid, y los otros 3, habían sido declarados infames y deshonrados. Al acabar esa batalla, los príncipes de Aragón y Navarra le pidieron matrimonio a las hijas del Cid, y ellas aceptaron.
En el banquete de la boda, don Rodrigo estaba en su tienda, cuando le clavaron un cuchillo por la espalda a traición. No fue nada grave, pero si necesitaba mucho reposo. El autor de ese cuchillazo fue el conde García Ordóñez, que más tarde fue encontrado en el bosque.
En la mente del Cid, solo había una cosa. Regresar a defender Valencia ante un previsible ataque de los moros. El cirujano del rey dijo que necesitaba reposo, pero el estaba empeñado en irse. Así que tuvieron que hacerle una especie de cama móvil en una carroza e ir despacio tapando los baches. 
Tras un largo y difícil viaje llegaron a Valencia. El Campeador ordenó a sus máximos hombres de confianza: traer refuerzos, llenar los pozos de agua y abastecerse con víveres.
Cuando volvieron, decidieron ir a rezar por él y darle las buenas noches, pero su mujer les dijo que rezaran por su alma. Doña Jimena les comunicó que el Cid había muerto hace una hora.
La noticia se extendió por toda Valencia y por el imperio moro, pSara unos tristeza y para otros alegría.
A la mañana siguiente, Jimena les pidió ayuda a Jerónimo, obispo de Valencia y a su monaguillo. Jimena tenía en mente una idea de atar al Cid a Babieca, su caballo, y que saliera a por el ejército moro sin vida. 
Cuando se abrieron las puertas de Valencia, el cuerpo sin vida del Cid y Babieca salieron a por los moros, y ellos, al verlos, se quedaron atónitos, no se creían lo que estaban viendo. Un muerto iba hacia ellos. Solo con eso, espantaron al ejército moro hacia la playa. El caballo y el cuerpo del mejor caballero de la reconquista, no se encontró.

PERSONAJES

Cid Campeador; Jimena; Sol y Elvira; Rey Alfonso VI; Infantes Carríon; Conde García Ordóñez, Ramón Berenguer, Príncipes de Navarra y Aragón; Álvar Fañez; Martín Antolínez; Muño Gustioz; Pedro Bermúdez; Búcar; Yúsuf; Fáriz y Galve; Tamín y Jerónimo.

Alejandro Ruiz nº29 3ºB

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