martes, 5 de noviembre de 2013

El Cid jaime rodríguez miranda nº28 3ºa

El rey Alfonso, que guardaba algo de rencor hacia el Campeador por los rumores que le llegaban del conde Ordoñez, quería librarse de Don Rodrigo Díaz de Vivar para no dividir a la corte en dos facciones ocasionadas por la recaudación de tributos de Sevilla que exitosamente había conseguido el Campeador y que despertó la envidia de sus contrarios.
Un episodio vergonzoso en el que don Rodrigo no pudo contener el enfado que le produjo el conde Ordoñez con sus insultos, y que le llevó  a agarrar la barba al conde introduciéndosela en una copa de vino. Una ofensa que en aquella época se consideraba una proposición de duelo, prohibida a los miembros de la nobleza en la corte. Tras este suceso el rey Alfonso aprovechó para librarse de él,  sentenciando al destierro de Castilla a don Rodrigo.
El suceso no solo alarmó y creó disputas entre los miembros de la corte, sino que además produjo la duda en el propio rey, pues por un lado era innegable que don Rodrigo era su mejor y más leal vasallo aunque no le hubiera pedido clemencia.
Don Rodrigo, que tiene un plazo de 30 días para abandonar Castilla, decide despedirse de su mujer, doña Jimena, y sus dos hijas doña Sol y doña Elvira, para embarcarse hacia el exilio sin su compañía. Al comenzar a prepararse para su destierro, don Rodrigo, se da cuenta que ningún castellano va a prestarle hospitalidad pues el monarca a ordenado no ofrecer víveres ni lugar donde hospedarse a don Rodrigo o serían ejecutados. A pesar de ello, esa noche cuando don Rodrigo acampó en la ribera de un río, Martín Antolínez apareció en su ayuda con víveres y caballeros de Castilla que estaban a favor de él en el enfrentamiento, que desde hacía un tiempo mantenía don Rodrigo con el conde Ordoñez.
Tras esto, don Rodrigo se dirige a la casa de los prestamistas Vidas y Rachel, para conseguir un préstamo de 600 marcos ya que no tiene dinero. Para ello les engaña intercambiándoles el supuesto cofre en el que guardaba el dinero robado de los tributos, que no contenía nada más que arena, pues nunca lo había robado.
Tras esta anecdótica muestra de inteligencia, don Rodrigo se adentra en el Al-Ándalus junto con su recién llegado sobrino Álvar Fáñez dispuestos a adueñarse de la ciudad de Castejón, para ello esperaran a la madrugada, cuando los campesinos salen de la ciudad y abren sus puertas para introducirse en ella sin necesidad de asedio. Para sorpresa de los castellanos, los escasos centinelas que poseía la ciudad se encerraron en un torreón, así el Campeador conquistó la ciudad sin derramar sangre.
Como siempre haría, de ahora en adelante, don Rodrigo conquistaría en nombre del rey Alfonso, repartiendo el botín a partes iguales entre sus hombres, contentando a su mesnada.
Al no tener un suministro de agua cercano, don Rodrigo abandona la ciudad tras pedir un rescate por ella, lo que ocasiona felicidad a los moros pues les perdonaba la vida, en muestra de agradecimiento se pusieron a batallar a sus órdenes.
Una vez abandonaron Castejón se dispusieron al asedio de la ciudad de Alcocer que también dominaron, regalando como botín treinta caballos al rey Alfonso que a la vista de los resultados, se empieza a alegrar de haberlo desterrado.
Por otra parte, el rey Tamín de Valencia enojado, envía tropas para reconquistar la ciudad perdida de Alcocer, a este ejército el Campeador responde con una victoria inapelable. A partir de ese momento, entre los moros empieza Don Rodrigo a conocerse como el Cid.
La  corte favorecida por los regalos constantes, deroga el edicto que prohibía a los castellanos ayudar al Cid.
El Conde de Barcelona, Don Ramón, asustado de que el Cid pueda tomar la ciudad condal decide intimidarle enviando su ejército contra él. Don Rodrigo a pesar de intentar la paz no tiene más remedio que vencerle en el campo de batalla.
Una vez que el Cid derrota al Conde, le invita a aliarse con él y éste acepta no sin pensárselo mucho, entregándole la legendaria espada Colada.
Con el apoyo de Castilla y el condado de Barcelona, el Cid se dispone a conquistar Valencia. Tras meses de luchas y escaramuzas, la ciudad del Turia se rinde ante la figura del Cid que también hizo famoso a su caballo Babieca.
Se  inicia una etapa en la que se suceden felices acontecimientos entre los que destaca el reencuentro con su mujer Doña Jimena y sus hijas. En todo caso, los soldados quieren marcharse de la ciudad pero la habilidad del Cid lo evita.
El Rey Alfonso en persona se dirige a un encuentro histórico con don Rodrigo para que este sea perdonado públicamente. Mientras tanto lejos de allí, el Rey Yúsuf al enterarse de la pérdida de Valencia, se prepara para ir la reconquista de la ciudad ocupada por los cristianos.
Apenas sin tiempo para disfrutar de su familia, don Rodrigo aprovecha esta nueva oportunidad para demostrar a su mujer el valor con el que pelea en las batallas. Llegado el día, el Cid arenga a sus hombres que a pesara de estar en inferioridad numérica, vencen de manera contundente a las tropas enemigas en otra gran victoria legendaria liderada  por el Cid.
Al cabo de un tiempo llega a los oídos del Cid que los infantes de Carrión quieren casarse con sus hijas, a pesar de que quiere impedirlo, el Rey impone con su influencia estas uniones matrimoniales.
El Cid estaba feliz sabiendo que sus yernos eran de un prestigioso linaje, aunque por estar en época de paz, no había podido conocer el grado de cobardía que tenían los esposos de doña Elvira y Doña Sol .
Al estallar la guerra contra el general Búcar, el Cid cree que los infantes podrán demostrar sus dotes para la batalla, lo cierto es que son protegidos por Alvar Fáñez durante la misma, mientras el Cid consigue la legendaria espada Tizona, al derrotar al general marroquí.
A las espaldas del Cid, los caballeros se burlan de la cobardía de los infantes quienes poco a poco se sienten humillados por lo que deciden abandonar a sus esposas, las hijas de Don Rodrigo.
Ultrajado el Cid, se dirigió a Toledo y exigió en la sala de audiencias ante el Rey un duelo entre los de Carrión y los de Vivar para resolver la afrenta. El Rey acepta su demanda y acomete las lides para saber quién tenía la razón.
El reto se celebró con Alvar Fáñez con la espada Colada y Pedro Bermúdez con la Tizona representando a la casa de Vivar y por parte de los de Carrión se presentaron los infantes. Tanto en un combate como con otro los de Vivar salieron victoriosos limpiando la honra de la familia del Cid.
Tras la victoria, los príncipes de  Aragón y Navarra se casan con doña Elvira y Doña Sol, en las bodas el Cid es atacado a traición por el conde Ordóñez con un puñal, dejándolo herido de gravedad.
La ciudad de Valencia está a la espera de un ataque musulmán  por lo que el Cid desea volver pero los médicos le advierten que la herida es muy grave y puede empeorar con el viaje. El Cid no les hace caso y se dirige hacia Valencia.

Al poco de llegar Don Rodrigo fallece sin que se enteren de su muerte los habitantes de la ciudad. Pensando que está simplemente herido los invasores deciden atacar y es cuando Doña Jimena astutamente coloca el cadáver a lomos de su caballo Babieca y le hace galopar hacia el ejército musulmán, haciendo que sus soldados huyan despavoridos ante la figura heroica del Cid Campeador.

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