lunes, 4 de noviembre de 2013

EL CONDE LUCANOR
Autor: Don Juan Manuel
Por Miguel Blanco Muñiz Nº9 3º B ESO
Un privado de confianza
Un día, estaba el conde Lucanor hablando con Patronio, su consejero, y le preguntó que si era buena idea aceptar las tierras de un rico caballero que se las ofrecía. Su consejero le contó una historia, la cual decía que un día estaba un rey con su privado, y los ministros envidiosos de su buen servicio, le dijeron al rey que su privado le iba a asesinar para quedarse con el trono. El rey decidió poner a prueba a su privado y le contó día tras día que se iba a marchar porque no le gustaba la vida y que le iba a ceder el trono hasta que su hijo tuviera la edad de reinar, el privado se alegró disimuladamente. Más tarde salió y pidió consejo a su cautivo, el cual era muy sabio. Y este le dijo que el rey le estaba poniendo a prueba, que iba a morir por su ansia y codicia, pero que tenía un plan y se lo contó. Al día siguiente el privado se afeitó la barba, se rapó la cabeza, se vistió con ropa andrajosa, tomó un bordón y se puso unos zapatos rotos. Al verlo así, el rey le preguntó que qué estaba haciendo. El privado le ofreció irse los dos juntos, ya que acompañaría y serviría a su rey hasta la muerte. El rey vió su lealtad y le contó que todo fue un ardid.
- Y así salvó su vida el privado.
Explicó el consejero, y además le dijo al conde que no se deje engañar. El conde siguió su consejo, y le fue bien.

El canto del cuervo
Un día, El conde Lucanor hablaba con su consejero. Y le dijo que un hombre le dedicó elogios y le propuso un trato, y se lo contó a Patronio. Aunque el trato pareciese provechoso, escondía un engaño y como ejemplo, su consejero le contó una historieta.
Un cuervo encontró un trozo de queso y se lo llevó a un árbol para comérselo sin que nadie se lo robase. Un zorro que andaba por ahí lo vió, y maquinó un plan. Consistía en decirle elogios al cuervo, se los dijo y él pensó que el zorro era su amigo, ya que entre esos elogios había algunas verdades. El zorro le pidió al cuervo que este cantara, él aceptó y cuando abrió el pico para cantar se le cayó el trozo de queso al suelo. El astuto zorro lo cogió y se fue corriendo. Y Patronio le dijo al conde Lucanor que aunque Dios le hizo tanta merced en todo, ese hombre le estaba intentando engatusar con exageraciones de su poder, honra y dinero. Y le recomendó no acercarse a ese hombre. El conde hizo caso a su consejero y se salvó de cometer un grave error.

La golondrina y el lino
Otro día, estaba el conde Lucanor hablando con Patronio, y le dijo que le habían contado que sus vecinos eran más poderosos que él y que se habían aliado para perjudicarle.
Pero no tenía miedo porque no se lo creía y le preguntó a su consejero que si lo estaba haciendo bien. Este, respondió con una historia que decía que un día, una golondrina vió que un hombre sembraba lino, y se dió cuenta de que ese lino, al crecer se usaría para fabricar redes que luego cazarían a las aves. En esto, la golondrina fue a avisar a las aves, pero ellas pasaban de la golondrina. Al ver que las aves no respondían, la golondrina se sometió al poder del hombre, brindándose así protección. Cuando el lino creció, todas las aves se arrepintieron pero ya era demasiado tarde y ya no podían arrancar el lino. Ahora las golondrinas son respetadas, pero las demás aves son cazadas a diario con redes y lazos. Y Patronio dijo:
- En cuanto a vos, señor conde Lucanor, si queréis protegeros de los males tomad precauciones mientras estéis a tiempo.
Y el conde siguió su consejo y le fue muy bien.

Doña truhana sueña despierta
Otro día, hablaba el conde Lucanor con Patronio y le dijo que un hombre le había explicado y propuesto un negocio, y que es muy provechoso. Le pidió consejo a Patronio y este le dijo que tuviera ideas concretas y no vanas ilusiones. Y le contó esta historia:
Un día, doña Truhana, iba a vender su tarro de miel al mercado. Con las ganancias quería comprar unos huevos de los que saldrían pollos, los cuales vendería y compraría ovejas y así sucesivamente hasta casar a sus hijos y ser más rica que nadie, ya que era muy pobre. De la que iba caminando e imaginando su futuro se dió un manotazo en la cabeza y se le cayó la jarra de miel al suelo y se rompió. Todas sus esperanzas se desvanecieron y empezó a llorar desconsoladamente. Con esto, Patronio quiere decirle al conde que, conviene confiar siempre en cosas razonables y no en ilusiones vanas. El conde siguió su consejo y le fue bien.

El pacto de los caballos
El conde Lucanor hablaba con su consejero, y le contó que había un hombre que quería destruir al conde y a su enemigo y quedarse con sus bienes. Este hombre era muy poderoso y el enemigo del conde le ofreció aliarse con él para derrotar al tercero. A esto el conde le pidió opinión a Patronio. Este le respondió con una historia que decía que hubo dos caballeros que se apreciaban mucho, pero que sus caballos no se soportaban. Y a causa de eso los caballeros no podían verse. Decidieron echar a los caballos a los leones, cuando Don Enrique le dijo al rey de Túnez la idea, él aceptó. Al echar a los caballos a los leones se empezaron a golpear, en cuanto salió el león se asustaron y poco a poco se arrinconaron juntos. Los dos caballos se aliaron y dieron golpes y mordiscos al león, el cual huyó a la jaula. Desde entonces los caballos se llevaron bien y comieron juntos. Patronio le dijo al conde que si ayudaba a su enemigo y él le corresponde, acabarían siendo amigos, pero si se distancian, el tercero les destruiría a los dos. El conde siguió su consejo porque le pareció bueno y le fue muy bien.



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