lunes, 31 de marzo de 2014

Kokomo- Adrián Chaves Lozano

                                                        KOKOMO- PAUL PEN

Nueve noches antes de conocer la magia, Daniel vio como su padre hacía desapacer una moneda y Daniel creyó que era un mago de verdad. El padre de Daniel le dijo que estaba perfeccionando su truco magistral: con solo decir unas palabras mágicas desaparecería de la habitación, de la casa y del mundo, y se iría a       Kokomo.
Para demostrárselo, se echó la colcha encima, dijo unas palabras mágicas… y cuando Daniel quiso volver a  mirar su padre ya no estaba.
Daniel pensó que su padre había desaparecido para siempre y se echó a llorar, porque le llamaba y no respondía. Se quitó la manta de los ojos y miró alrededor de la habitación: allí, a los pies de su cama, estaba su padre, intentando que no se le escapase la risa.
Su padre le dijo que no tenía que asustarse, porque Kokomo era un buen sitio.
Daniel se enfadó porque su padre no había ido a Kokomo y había estado allí todo el tiempo. Su padre le aseguró que el día que mejorase su magia aprendería a desaparecer y se iría a Kokomo, pero Daniel no le creyó y le dijo que solo era un mago de monedas.
El padre volvió a repetir el truco de magia con la moneda y le prometió a Daniel que algún día el también sería un gran mago y que los dos estarían juntos en Kokomo, pero Daniel estaba enfadado y le respondió que Kokomo no existía.
Siete noches antes de conocer la verdadera magia, Daniel escogió una carta de toda la baraja que le daba su padre. El padre consiguió adivinarla y Daniel apenas se lo podía creer. El padre le contó que la magia de sus dedos había hecho que averiguase la carta, y añadió que esa magia le permitiría muy pronto hacer el truco final.
Daniel le contestaba, incrédulo, que no iba a desaparecer, que lo único que había desaparecido era su pelo. El padre se reía y le hacía cosquillas.
Dos noches antes de conocer la verdadera magia, Daniel le preguntó a su padre cómo era Kokomo. El padre le  dijo que no lo sabía porque nunca había estado pero que los libros de magia decían que era un lugar precioso, lleno de playas, de luz y de las cosas bonitas que los magos hacen aparecer del fondo de sus chisteras. Entonces el padre volvía a repetir el truco de la moneda y Daniel preguntó si iba a ir a Kokomo a buscarla. El padre le respondió que todavía no, porque todavía no había aprendido. Y cerrando la puerta del cuarto donde Daniel comenzaba a dormirse susurró que iría muy pronto.
La noche en que Daniel conoció la verdadera magia el padre acarició la mejilla de Daniel con su mano que casi ardía y le dijo que le quería. Daniel no respondió porque ya se había quedado dormido, y el padre aprovechó ese momento para intentar recordar en su mente todos los detalles de la cara de Daniel. Unas horas después la mano de la madre despertó a Daniel. Daniel salió corriendo hacia la habitación de sus padres y encontró lo que esperaba: la cama estaba vacía.

La madre intentó decirle que su padre… pero Daniel, sin darse cuenta de             que la cama estaba muy fría comenzó a dar saltos en la cama y a gritar muy contento que papá lo había conseguido, era un mago de verdad porque se había ido a Kokomo.

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