miércoles, 2 de abril de 2014

Daniel Blanco El Quijote

Capítulo I:
Un hidalgo de la Mancha, de clase noble baja, de unos 50 años de edad, de complexión recia pero seca, da en leer libros de caballerías hasta llegar a perder el juicio. Determina, enloquecido por las fantasías leídas en esos libros, hacerse caballero andante y, como tal, ir a buscar aventuras. Para ello, prepara sus armas (desfasadas armas), revisa su caballo y le pone nombre (Rocinante), se pone nombre a sí mismo, como caballero que va a ser, (don Quijote de la Mancha) y busca una dama a la que amar y servir (Dulcinea del Toboso).
Capítulo II:
Poniendo en efecto su pensamiento, una mañana de julio sale de su casa, como caballero andante, a deshacer agravios. Pero le asalta la preocupación de que no ha sido armado caballero y que, en consecuencia, ni puede ni debe entrar en combate con caballero alguno. Mas pudiendo más su locura, decide continuar y hacerse armar a la primera ocasión. Ese primer día no le ocurre ninguna aventura. Llega por la noche a una venta, que él cree que es castillo, donde cena en compañía de dos prostitutas y del ventero, a los que imagina como dos damas y gobernador del castillo.
Capítulo III:
Después de cenar, don Quijote pide al gobernador del castillo (el ventero) que, tras velar las armas, le arme caballero, y así poder ir a buscar aventuras como caballero andante. El ventero, cerciorándose de su falta de juicio, se burla de él haciéndole creer que él también es caballero y diciéndole que sí le armará y aconsejándole que se provea de dineros y de otras cosas necesarias. Don Quijote vela las armas en un patio del castillo (el corral de la venta). Durante la vela, un arriero, y después otro, acuden al pozo para dar de beber a sus animales de carga, para lo cual deben apartar las armas que don Quijote está velando. Éste defiende la vela y agrede a los arrieros. Los compañeros de éstos comienzan a arrojar piedras a don Quijote, y el ventero, para evitar más problemas, decide abreviar ceremonias: da por terminada la vela de armas y seguidamente arma caballero a don Quijote, ayudado de las dos prostitutas (doncellas; la Tolosa y la Molinera). Don Quijote agradece haber sido armado caballero, y sale de la venta.
Capítulo IV:
Don Quijote, ya hecho caballero andante, sale de la venta pero, siguiendo los consejos del ventero, decide volver a su casa para proveerse de lo necesario, además de escudero. En el camino de vuelta le suceden sus dos primeras aventuras:
• Socorre a un muchacho de quince años, criado de un rico labrador de Quintanar, al que éste está azotando por no prestar cuidado al hato de ovejas. Bastará que don Quijote se aleje para que el labrador siga con su castigo.
• Pretende hacer confesar a unos mercaderes toledanos que van camino de Murcia que Dulcinea del Toboso es la más hermosa del mundo. Uno de los mercaderes, viendo su locura, se burla de él; don Quijote entonces le acomete, pero tropieza y cae, y un mozo de mulas aprovecha la ocasión para molerle las costillas.
Capítulo V:
Un labrador (Pedro Alonso), vecino de su pueblo, encuentra a don Quijote malherido, le recoge y lo lleva a su casa, a donde llegan ya de noche. Allí están reunidos el ama y la sobrina de don Quijote y dos amigos suyos: el cura (Pero Pérez) y el barbero (Maese Nicolás) comentando la desaparición de don Quijote y que la culpa de ello es de los libros de caballerías que leía. Por lo que deciden que al día siguiente sean quemados. En ese momento, llega el labrador trayendo a don Quijote, al que acuestan para que descanse. El cura se informa por el labrador de lo ocurrido, y decide que al día siguiente se quemen los libros de caballerías de don Quijote.
Capítulo VI:
Mientras don Quijote duerme, el cura y el barbero, ayudados de ama y sobrina, proceden al escrutinio de su librería, seleccionando unos y mandando arrojar otros al corral para ser quemados, según les parecen buenos o peligrosos para el hidalgo. Son libros de caballerías, de poesía (pastoriles) y heroicos o épicos.
Capítulo VII:
Don Quijote despierta y empieza a delirar. Todos le calman, y el ama comienza a quemar los libros (culpables de la locura de don Quijote). Además deciden clausurarle la habitación de los libros y convencerle de que ha sido obra de un encantador. Convencido de ello, pasa quince días sosegado y conversando con el cura y el barbero sobre la necesidad de los caballeros andantes, a la par que persuade a un labrador, vecino suyo (Sancho Panza), para que le sirva de escudero, prometiéndole que le hará gobernador de una ínsula, y hacen los preparativos de todo lo necesario (dineros, alforjas, camisas, etc.) conforme al consejo del ventero. Salen de noche para no ser vistos. Primera conversación entre escudero y amo.
Capítulo VIII:
En el camino descubren unos molinos de viento, que don Quijote cree que son gigantes. Decide acometerlos, sin que le sirva de mucho que Sancho le diga que son sólo molinos. Don Quijote embiste y sale mal parado, atribuyendo el cambio (de gigantes a molinos) a un encantador. Siguen camino, a Puerto Lápice, en busca de aventuras. Pasan la noche entre unos árboles: don Quijote piensa en su señora Dulcinea. Llegan a Puerto Lápice, y don Quijote confunde a dos frailes con dos encantadores que llevarían a una princesa cautiva (una dama vizcaína que viene más atrás en un coche). Acomete a los frailes, y después a un escudero de la dama, que no quiere que el caballero les haga ir al Toboso (para hablar con Dulcinea). El capítulo acaba con el combate en suspenso.
Capítulo IX:
Cervantes acude al recurso narrativo de que él es sólo traductor (además indirecto -pues se sirve de un morisco aljamiado, o que sabe castellano-) de unos cartapacios en los que había conseguido descubrir la continuación de las aventuras de don Quijote. Continuación que enlaza justo con el combate entre don Quijote y el vizcaíno: vence don Quijote y obtiene la promesa de que ha de presentarse ante su señora Dulcinea del Toboso (tal y como sucedía en los libros de caballerías que él leía).
Capítulo X:
Ganada la sentencia, Sancho solicita a don Quijote el gobierno de la ínsula y que busquen amparo por si la Justicia les persigue (por lo ocurrido con los frailes y con el vizcaíno). Don Quijote solicita de su escudero que le reconozca como el "más valeroso caballero". Sancho así lo hace, y le dice que se cure las heridas. Don Quijote le habla entonces del bálsamo de Fierabrás (bálsamo mágico capaz de sanar las heridas), y Sancho lo ve más provechoso que el prometido gobierno de la ínsula. Don Quijote, al ver su celada rota por el combate, jura arrebatársela a algún caballero. Hablan sobre comer y prosiguen camino en busca donde pasar la noche: llegarán a las chozas de unos cabreros.
Capítulo XI:
Son acogidos por los cabreros, que les dan de cenar. Don Quijote elogia la vida de estas personas, en la que todo es paz, amistad y concordia, al igual que sucedía en los tiempos antiguos, y explica que los detestables siglos de ahora (con su malicia) han hecho que naciera la orden de los caballeros andantes, a la que él pertenece, para defender, amparar y socorrer. Llega otro cabrero y sus compañeros le piden que cante para don Quijote sus amores. Don Quijote vuelve a ser curado de la oreja, y se van a acostar
Capítulo XII:
Pero en eso llega otro cabrero y anuncia a todos la muerte, por amores, de Grisóstomo, un estudiante que se hizo pastor por seguir a la bella Marcela. El cabrero anuncia que el entierro será a la mañana siguiente, y todos deciden ir a presenciarlo. Otro cabrero relata a don Quijote la historia de ambos jóvenes, y cómo la belleza de Marcela atrae a multitud de pretendientes, a los que trata cortésmente pero a los que desdeña. Se acuestan finalmente.
Capítulo XIII:
Se dirigen al lugar del entierro. En el camino se encuentran con unos pastores, y con un par de hombres a caballo que, atraídos por la noticia de muerte tan singular, también van a presenciarlo. Uno de los hombres (Vivaldo) pregunta a don Quijote el motivo de ir armado de la manera en que va. Don Quijote se lo explica. Y Vivaldo, viendo su falta de juicio y con ánimo de burlarse de él, le incita a que le hable de la caballería andante (sobre si es importante y si los caballeros andantes anteponen sus armas a Dios; don Quijote afirma y niega respectivamente). Don Quijote cuenta que su dama es Dulcinea. Finalmente llegan al lugar del entierro, donde otro grupo de pastores procede, bajo la dirección de Ambrosio -amigo de Grisóstomo-, a enterrar el cadáver. Ambrosio alaba a su amigo y Vivaldo pide que no queme los papeles de enamorado de aquél. Vivaldo se dispone a leer uno de esos papeles.
Capítulo XIV:
Vivaldo lee la canción de Grisóstomo (en la que éste se queja de Marcela). En seguida aparece Marcela. Y, ante la recriminación de Ambrosio, ella se defiende aduciendo que no se le puede culpar de la muerte de Grisóstomo, pues sólo ha mostrado "honesto proceder y recato" y a nadie quiso ni dio esperanzas. Terminan de enterrar a Grisóstomo, y don Quijote decide ir en busca de Marcela para ofrecerle sus servicios.
Capítulo XV:
Cervantes vuelve al recurso narrativo de que él sigue la historia a través de Cide Hamete Benengeli y continúa en el momento en que don Quijote iba en busca de Marcela. Llegan a un prado y allí paran a descansar y a comer; y Rocinante, atraído por unas jacas de unos arrieros (gallegos se dirá a lo largo de todo el capítulo, aunque en el título ponga "yangüeses", de Yanguas, en Soria o en Segovia), acude a ellas. Visto lo cual, los arrieros le apalean. Don Quijote y Sancho acuden para defenderlo, pero también a ellos les apalean. Ambos se duelen de los golpes, y deciden ir, como buenamente puedan, en busca de lugar donde pasar la noche. Llegan a una venta (que don Quijote vuelve a creer que es castillo).
Capítulo XVI:
Allí les curan y les preparan aposento. En la venta también se aloja un arriero, que había acordado con la moza de servicio (Maritornes) yacer en cuanto quedara todo en silencio. Pero llegando la moza de servicio al aposento en el que se encuentran don Quijote, Sancho Panza y el arriero, aquél la confunde con la hija del señor del castillo (la hija del ventero) y empieza a hablarle al estilo de los libros de caballerías. El arriero, celoso, trata de defenderla, y en la poca luz de la habitación, todos empiezan a golpearse, quedando don Quijote aún más malparado. Un cuadrillero de la Santa Hermandad entra a poner orden.
Capítulo XVII:
Don Quijote y Sancho comentan lo sucedido. El cuadrillero le pregunta entonces que qué tal está, y don Quijote le reprende por su modo de hablarle, que él entiende despectivo. El cuadrillero le golpea en la cabeza con el candil, dejándole aún peor malparado. Don Quijote hace creer a Sancho que todo es obra de "encantamentos", y, ante lo mal que se encuentran, decide hacer el bálsamo de Fierabrás (que lo cura todo). Lo hacen y lo toman, sentándole mejor a don Quijote que a Sancho. Al irse de la venta, don Quijote se despide del ventero, pero éste le reclama el pago. El caballero dice que eso no está en uso en los de su orden, y se va sin hacerle caso. El ventero y otra gente de la venta entonces se vengan en Sancho, manteándole, y quedándose con sus alforjas.

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