martes, 1 de abril de 2014

Don Quijote de la mancha

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Autor:  Miguel de Cervantes
Adaptación:  Eduardo Alonso

RESUMEN
La obra empieza con la descripción del personaje que vivía en un lugar de la Mancha,  que era un hidalgo,  noble de más bajo rango,  describe  lo que come que nos muestra que tiene poco dinero,  que vivía con un ama,  su sobrina y un criado para todo.  Tenía  unos cincuenta años,  era delgado de constitución recia,  madrugador y amante de la caza.  Pero por sobre todos sus gustos era un gran aficionado a leer libros de caballerías,  tanto que abandonó su hacienda incluso vendió tierras para comprar libros.  
De tanto leer día y noche sin dormir perdió el juicio.  Se llenó de fantasía y creyó que eran verdad todos los disparates que leía,  amores,  batallas,  heridas, etc.
Y así fue como un día decidió hacerse caballero andante e ir por el mundo en busca de aventuras que lo hicieran famoso.  Buscó una armadura vieja,  una lanza,  un casco y un escudo  y puso de nombre Rocinante a su caballo.  También buscó un nombre para él y quiso llamarse “Don Quijote de la Mancha” haciendo referencia a su apellido y el lugar del que era.
Pensó que todo caballero necesita una dama a quien honrar y buscó una moza labradora llamada Aldonza Lorenzo a quien hizo su dama y llamó “Dulcinea del Toboso” porque era natural de allí.
Por fin una mañana se decidió a salir en busca de aventuras por los campos de Montiel.  Se encomendó a su princesa Dulcinea y partió hablando consigo mismo,  diciendo disparates como en los libros que leía.
Después de todo el día,  cansado y hambriento llegó a una venta que él creyó un castillo,  encontró en ella a dos rameras que confundió con hermosas doncellas lo que las hizo reír mucho.  Le pidió al ventero que le ordenara caballero y veló armas toda la noche en el corral.  Este le siguió la corriente porque vio que estaba loco.  Unos arrieros tiraron sus armas y el Quijote se lanzó sobre ellos y los golpeó con su lanza en la cabeza.  Viendo el jaleo que se armaba el ventero decide ordenarlo caballero y que se vaya.
Al día siguiente decide volver a casa para coger dinero y camisas limpias.  En el camino encuentra a un labrador Juan Haldudo azotando a un chaval de 15 años,  Andrés.  El Quijote interviene como “desfacedor de agravios”.  Su inocencia caballeresca hace que acepte la palabra del labrador de que va a pagar lo que debe a Andrés y no le va a pegar más.  Por supuesto cuando el Quijote se marcha lo azota hasta dejarlo casi muerto.
Mas adelante encuentra un tropel de gente y dándole la voz de alto les pide que confiesen que Dulcinea es la princesa más hermosa de La Mancha.  Viendo que está loco se burlan de él y de Dulcinea lo que provoca su ira y se enfrenta a ellos,  finalmente acaban moliéndolo a palos y tirado en el suelo.
Un vecino,   Pedro Alonso,  lo encuentra y lo ayuda a volver a casa.  Al llegar se encuentran con el ama,  la sobrina,  el barbero y el cura que comentan la locura que le produjo la lectura de esos libros de caballería y deciden quemarlos.
Mientras el Quijote duerme y se repone,  el cura y el barbero hacen una selección de libros tirando la mayoría al corral para quemarlos y salvando algunos como “Amadis de Gaula”,  Palmerín de Inglaterra,  La Galatea, y Tirante el Blanco.  Deciden quitarle la puerta al cuarto de los libros y tapiarlo para que no se dé cuenta.
Después de unos días de sosiego decide ha blar con Sancho Panza,  un labrador vecino suyo,  hombre de bien para que sea su escudero,  prometiéndole hacerle gobernador de la primer ínsula que ganase.
Marcharon una noche sin despedirse,  Sancho Panza en su asno y Don Quijote a lomo de Rocinante,  soñando con los reinos que iban a ganar.
Iban por el campo de Montiel cuando vieron treinta o cuarenta molinos de viento,  don Quijote los confundió con gigantes y se dispuso a atacarlos.  Sancho intentó hacerlo razonar pero le fue imposible.   Justo en el momento que intentaba embestirlos con su lanza se levantó viento y sus astas se movieron rompiendo su lanza y tirándolo a él y a Rocinante por los suelos.
Más tarde se encontraron con dos frailes de San Benito a los que seguía un coche con una señora vizcaína que iba a Sevilla para embarcar de ahí a las Indias.    El Quijote creyó que era una princesa raptada y quiso defenderla,  arremetió contra los frailes y estos huyeron asustados.  Luego peleó con el escudero vizcaíno que acompañaba a la señora y lo venció ya que acertó con su espada en la cabeza de este.  Por suerte no lo remató porque la mujer le pidió clemencia.  Don Quijote quedó mal herido en una oreja.
Siguieron el camino pero la herida de la oreja le dolía mucho y se quejaba entonces recordó el Quijote el bálsamo de “Fierabras” y contaba a Sancho como curaba las heridas mortales.  Una leyenda francesa cuenta una historia de los caballeros de Carlomagno que había un gigante “Fierabras” que tenía un bálsamo que curaba todas las heridas.
Pasaron la noche con unos cabreros que los recibieron de buena gana y les dieron cobijo y de comer.   Uno de ellos llegó del pueblo contando la historia de Grisóstomo y Marcela.   Grisóstomo había muerto se suponía por el amor de la pastora Marcela.  El era un hidalgo rico que había estudiado en Salamanca la ciencia de astrología y gracias a ello había hecho muy rico a su padre al que heredó.  Marcela era una bella muchacha que todos los hombres se enamoraban de ella pero ella los rechazaba.  Se había hecho pastora a pesar de ser rica,  para vivir libre en el campo.  Grisóstomo se hizo también pastor para ir detrás de ella pero ella le rechazaba como a todos.  En el entierro de Grisóstomo apareció la pastora Marcela en la cima de una peña y dijo: “yo no soy culpable de su muerte,  no estoy obligada a amar a quien me ama,  jamás di esperanzas ni palabra de amor a nadie,  a Grisóstomo lo mató su insistencia no mi crueldad.”  Y desapareció sin mas.
Don Quijote y Sancho la buscaron por el bosque varias horas pero no la encontraron.
Según iban encontrando gente Don Quijote explicaba a todos que los caballeros andantes iban buscando aventuras con ánimo de ayudar a los débiles y necesitados y que estaban sujetos a mil peligros y desventuras.
Después de ser apaleados por unos yangüeses (de un pueblo de Segovia)  por culpa de Rocinante que molestó a sus yeguas,  don Quijote y Sancho llegan refugiarse a una venta,  que por supuesto el Quijote cree un castillo.   En ella están el ventero,  su mujer,  su hija y una criada asturiana llamada Maritornes.
Las mujeres dan al Quijote unos masajes con una pomada para los dolores y lo ayudan a acostarse en una habitación junto a Sancho y un arriero.   Por la noche Maritornes entra para acostarse con el arriero pero en la oscuridad se produce una confusión con el Quijote que se imagina que es la hija del Señor del castillo hermosa y vestida de seda que viene por él.  En esto el arriero se da cuenta y empieza a los golpes,  en la confusión intervienen Sancho,  el ventero y un guardia de la Santa Hermandad.  Finalmente logran marcharse sin pagar y acordándose del bálsamo de “Fierabras”.
Después de tantas desventuras,  Sancho estaba desanimado y piensa en volver a casa para la siega,  “desde que somos caballeros andantes todo han sido palos y más palos”.
En esto vio el Quijote una polvareda y creyó que era un ejército,  Sancho vio otra polvareda igual del lado contrario,  en realidad eran rebaños de ovejas y carneros que se dirigían a un camino común,  pero nuestro Quijote creyó que eran dos ejércitos que iban a entrar en batalla y se puso muy feliz.   Subieron a un alto para ver mejor y Sancho se dio cuenta que eran dos rebaños pero no logró convencer al Quijote de ello.  El soñaba con batallas,  clarines y tambores.  Se lanzó con Rocinante y empezó a embestir ovejas con su lanza,  los pastores empezaron a tirarle piedras hasta que le dieron una en la cara que lo tiró y lo creyeron muerto,  entonces huyeron.  Sancho llegó en su ayuda y vio que le habían roto varios dientes y muelas.
En la noche vieron venir unas luces caminando. Eran unos vente encamisados a caballo con velas encendidas en las manos,  acompañaban una litera cubierta de un paño negro.  Don Quijote se figuró que venía un muerto o malherido al que debía vengar,  empezó a atacarlos y desbaratarlos con mucha rapidez y hasta a Rocinante parecía haberle crecido alas.  Ellos venían desarmados y empezaron a correr.  Finalmente se entendieron y el Quijote ayudó a levantarse a uno que le había roto una pierna al caerse.  Sancho le dijo que si le preguntaban quien le había puesto así diga que Don Quijote de la Mancha también llamado el Caballero de la Triste Figura.
A don Quijote le gustó mucho ese nombre,  Sancho le explicó que con la luz de las velas tenía la mas mala figura que había visto nunca,   por el cansancio y la mala cara que tenía sin muelas y dientes.   El Quijote decidió usar ese nombre en adelante.
Un día don Quijote vio venir a un hombre a lomos de un asno con algo que brillaba en la cabeza y creyó que era el yelmo de Mambrino, un yelmo de oro.  En realidad era un barbero que iba a ver unos hombres y como llovía se había puesto la bacía en la cabeza.   El Quijote arremetió contra él a la carrera de Rocinante,  el barbero bajó de su asno y salió corriendo dejando la bacía en el suelo.  El Quijote se la puso en la cabeza y como no podía encajarla bien pensó que el primero que había usado esa famosa celada debía tener la cabeza muy grande.
Mas tarde se encontraron con un grupo de presos que llevaban encadenados a trabajar en galeras.  Pero el Quijote al pensar que iban contra su voluntad pensó en liberarlos y no atendió razones de Sancho que le decía que eran delincuentes.   Fue preguntando a uno por uno que delito había cometido y le decían,  por enamorarse de algo que habían robado,  por cantar o sea confesar un delito,  hasta que llegaron a un tal Ginés de Pasamonte que presumió de ser famoso y tener un libro que daba cien vueltas al “Lazarillo de Tormes”.   El Quijote como debe defender a los necesitados ordena soltarlos pero el comisario se niega y se burla de él y su bacía.  El Quijote lo ataca y lo tira del caballo,  Sancho le ayuda y Ginés aprovecha para soltarse.  Una vez liberados el Quijote les pide que lleven las cadenas a su dama Dulcinea a Toboso pero ellos se niegan,  el Quijote se enfada y comienza a pelear con ellos pero los galeotes les tiran piedras y les dan una buena paliza,  les roban casi todo lo que tenían incluso las ropas.
“Siempre he oído Sancho que hacer bien a villanos es echar agua en la  mar,  lamento no haberte hecho caso”
Al llegar a Sierra Morena conocen a un loco llamado Cardeño que anda escondido y loco por el amor de una mujer.  Este le habla del libro de Amadis de Gaula y esto le hace acordar de Dulcinea.  Decide mandar a Sancho con una carta para ella y para que le cuente todo lo que hizo en honor a ella.  Se desnuda de cintura para abajo,  deja a Rocinante a Sancho y se queda vagando por el monte,  comiendo hierbas y grabando versos en los árboles para su Dulcinea.
Iba Sancho Panza con Rocinante rumbo a Toboso cuando encontró a el cura y el barbero del pueblo de don Quijote,   les contó todas las aventuras que vivieron y como se había quedado su amo en el monte.  El cura y el barbero hacen un plan para hacer volver al Quijote a casa.
Encuentran a Dorotea,  una doncella que estaba perdida en la montaña y la convencen de engañar al Quijote haciéndose pasar por la princesa Micomicona de Etiopía y pidiéndole un favor,  que mate a un gigante por venganza.  El plan da resultado y se ponen todos en camino de regreso.
Dorotea le seguía la corriente convenciéndolo de hacer lo que quería,  así fueron volviendo y encontrando a algunos conocidos de sus recientes aventuras,  lo que les trajo varios problemas.  En la venta de Maritornes peleó con unos sacos de vino que estaban colgados creyendo que eran el gigante haciendo un gran estropicio.
El cura y el barbero y los demás se pusieron de acuerdo para no dejar que Don Quijote se metiera en mas problemas.   Se disfrazaron y lo cogieron cuando estaba dormido y  lo pusieron en una jaula hecha sobre un carro,  él creyó que eran fantasmas.  El barbero con voz aterradora habló a don Quijote diciendo que lo llevaban a casarse con Dulcinea.  El Quijote quedó consolado con la profecía que lo uniría a su querida amada.
En una parada Sancho les pidió que lo dejaran salir de la jaula para hacer sus necesidades.  En eso pasó una procesión y confundió a la Virgen con una señora que llevaban cautiva y exigió que la soltaran.  Todos rieron pero como no los dejaba continuar le dieron un golpe y lo tiraron del caballo.  Creyendo que estaba muerto Sancho lloró amargamente sobre él lo que hizo revivir a Don Quijote.
Después de seis días llegaron a la aldea del Quijote.  Todos corrieron a ver lo que había en la jaula y al ver a su vecino quedaron maravillados.
Y aunque no hay escritura sobre ello se sabe en La Mancha que don Quijote salió por tercera vez de su casa y fue a Zaragoza y le pasaron cosas dignas de su valor.








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