martes, 27 de mayo de 2014

EL SÍ DE LAS NIÑAS

Don Diego, un caballero de 60 años, espera en una posada la llegada de las damas, doña Irene y su hija Paquita, joven de 16 años.
Doña Irene ha ido hasta allí para sacar a Paquita del convento donde estaba educándose pues, contra la voluntad de la joven, aunque no lo manifieste por respeto hacia su madre, la ha destinado ya a don Diego, pues el hombre perfecto para su hija, además de que tal matrimonio solucionaría sus apuros económicos.
Pero Carlos, sobrino de don Diego, oficial culto, valiente y caballeroso, sin que su tío lo supiese y sin que él conociera los planes de su tío, también se ha enamorado de Paquita desde tiempo atrás, por lo que se habían seguido viendo por las noches en el jardín del convento, con la complicidad de la criada de la joven, quedando el secreto sólo entre ellos.
Por una carta de Paquita, Carlos se entera de las pretensiones de doña Irene y se presenta en la posada para rescatar a la muchacha de tan desagradable situación.
De pronto, tío y sobrino se encuentran y se reconocen. Ninguno de los dos confiesa al otro los motivos de su estancia en Alcalá. Don Diego se enfada y ordena a su sobrino que se marche a cumplir con sus obligaciones militares. Carlos, por respeto, obedece; pero, en medio de la noche, una carta de Carlos dirigida a Paquita llega por equivocación a manos de don Diego y éste, al enterarse de todo, exige sinceridad a la joven quien le confiesa haber aceptado casarse con él sólo porque se había resignado a obedecer a su madre.
Don Diego ordena a Carlos que regrese y más tarde le expone los hechos a doña Irene. Ésta se indigna y recrimina a su hija, pero don Diego comprende la pasión de los jóvenes y, al darse cuenta de lo ridículo de sus pretensiones ante la juventud de los enamorados, renuncia a sus aspiraciones, une las manos de Carlos y Paquita, y abraza como padre a la que quería hacer su esposa. Culpa de todo este enojoso asunto al "abuso de la autoridad, a la opresión que la juventud padece en manos de padres y tutores" y, lleno de bondad, bendice a la pareja afirmando que también será feliz con los hijos de aquel matrimonio que él ha hecho posible.

Alejandro Ruiz nº29 3ºB

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